Publicado: 15 de Febrero de 2020

Catorce principios fundamentales para educar a su hijo con TDAH

El TDAH supone un déficit en el autocontrol, o lo que algunos profesionales llaman funciones ejecutivas, esenciales para planificar, organizar y llevar a cabo conductas humanas complejas durante largos períodos de tiempo. Es decir, en los niños con TDAH la parte «ejecutiva» del cerebro, que supues­tamente organiza y controla la conducta ayudando al niño a planificar las acciones fu­turas y seguir con el plan establecido, funciona de forma poco eficaz. El niño con TDAH no adolece de habilidad o conocimientos, por lo que enseñarle cómo actuar pa­ra corregir sus problemas no le será de gran ayuda. En cambio, verá que sí es efectivo darle instrucciones claras y concisas, reorganizar el trabajo para que sea más intere­sante y motivador, reconducir su conducta hacia objetivos futuros en lugar de hacia la gratificación inmediata y proporcionar de forma inmediata refuerzos siempre que aca­be una tarea o se amolde a las reglas.

¿Le parece simple? Es relativamente simple, pero sólo en la teoría. En la práctica no siempre es fácil llevarlo a cabo. En mis veinticuatro años de práctica clínica, me he dado cuenta de que los padres se benefician en gran medida de catorce principios ge­nerales, extraídos a partir de la comprensión que hemos alcanzado del TDAH. Estos principios se han convertido en claves para la orientación diaria de niños con TDAH, debido a la utilidad que han demostrado en el diseño de programas de intervención en casa y en el aula. Aquí ofrecemos ejemplos breves de algunos principios; las técnicas específicas están detalladas en el capítulo 11.

Recuerde que la educación de niños con TDAH basada en estos principios signi­fica: a) hacer una pausa antes de reaccionar ante el mal comportamiento del niño, b) usar este intervalo de tiempo para reflexionar sobre los principios contenidos en este libro y c) seleccionar la respuesta más consistente con estos principios. Para mante­nerse fiel a este enfoque educativo, le sugiero que pegue una fotocopia de las normas que figuran al final de este capítulo en el espejo del lavabo o en la puerta de la nevera. La posibilidad de echar un vistazo a la lista de catorce principios cuando se levanta o de ir viéndola a lo largo del día le proporcionará un fugaz recordatorio de aquello por lo que está luchando.

1.   DÉ A SU HIJO REFUERZO INMEDIATO                                                                                               

Como ya manifestó, entre otros profesionales, la canadiense Virginia Douglas, re­nombrada doctora en psicología y experta en TDAH, los niños con TDAH parecen estar más influidos por la situación que los normales. Entonces no le queda más remedio que entrar a formar parte de esa situación porque, si no, va a tener muy poca in­fluencia sobre su hijo.

Tal como ya se ha señalado, cuando el niño con TDAH está ante un trabajo que le parece pesado, aburrido o poco reforzante, siente el impulso de buscar algo diferente en lo que entretenerse. Si quiere conseguir que persista en la ejecución de una determi­nada tarea, tendrá que combinárselo de forma que pueda darle refuerzo positivo para aumentar su motivación ante ésta, y en el momento en que abandone la tarea, consecuen­cias negativas ligeras. Del mismo modo, cuando intente modificar conductas negativas, debe proporcionar recompensas inmediatas y feedback por las conductas adecuadas y cam­biar con rapidez a consecuencias negativas cuando actúe inapropiadamente.

El refuerzo positivo puede darse en forma de elogios o cumplidos siempre que se­ñale de forma explícita y concreta cuáles fueron los aspectos positivos de su compor­tamiento. También son válidas las muestras de afecto. En algunos casos, el elogio no resulta suficiente para motivar al niño a seguir con la tarea asignada, entonces tendrá que incluir premios, como privilegios extras, o sistemas en los que el niño gane pun­tos para conseguir ciertos privilegios. Pero recuerde que el tipo defeedback más efi­caz será aquel que pueda proporcionarse más inmediatamente.

Por ejemplo, si un niño con TDAH generalmente tiene problemas para jugar ami­gablemente con sus hermanos más pequeños, el refuerzo más efectivo para conseguir un juego cooperativo será estar alerta a cualquier signo de cooperación, de compar­tir con el otro o de amabilidad por parte del niño mayor con TDAH y, cuando vea cualquier signo de este tipo, elogiarle de inmediato. Asimismo, el niño debería recibir feedback y consecuencias negativas moderadas e inmediatas tras intimidar al peque­ño. Explíquele exactamente qué es lo que ha hecho mal (es preferible a gritarle) y por qué no es aceptable, y seguidamente retire un privilegio concedido durante el día o al­gunos de los puntos ganados en el programa.

2.   DÉ FEEDBACK CON MAYOR FRECUENCIA

Los niños con TDAH no sólo necesitan consecuencias inmediatas, sino también frecuentes. Las consecuencias o feedback inmediato son útiles incluso cuando se pro­porcionan ocasionalmente, pero aportan mayores beneficios cuando se hace con regu­laridad. Debemos admitir que, llevado al extremo, puede resultar irritante e intrusivo para el niño y cansado para usted, pero es necesario practicarlo tanto como su tiempo, horario y energías se lo permitan, especialmente cuando el cambio de esa conducta inadaptada es de gran relevancia. Por ejemplo, ante un niño que tiene considerables problemas para acabar los deberes, en vez de elogiarle al finalizarlos todos o de castigarlo si no los ha acabado después de varias horas, cuando debería tardar veinte mi­nutos, es preferible enseñarle que puede ganar puntos por cada problema terminado y que mediante la suma de estos puntos podrá conseguir un premio. Se fija un tiempo lí­mite razonable para acabar toda la tarea, por ejemplo veinte minutos, y cuando el tiempo se agota el niño es penalizado (pierde) con un punto por cada problema sin ha­cer. Durante la tarea, elogie con frecuencia al niño mientras permanece trabajando y anímele a seguir esforzándose mientras usted lleva la cuenta de los puntos.

Con frecuencia los padres están muy ocupados con las responsabilidades domés­ticas y se olvidan de llevar un control del niño. Una manera de acordarse es pegar papelitos con caras sonrientes en los lugares de la casa donde miran frecuentemente, co­mo en la esquina de los espejos del lavabo, en el borde del reloj de la cocina... Siempre que vea uno de estos papeles, dígale qué le gusta de aquello que hace en ese justo mo­mento, aunque sea tan sólo ver la televisión tranquilamente. También puede preesta­blecer intervalos breves en un reloj de cocina o usar el dispositivo llamado Motiv-Aider, que puede llevarse en el cinturón o en un bolsillo y que vibra según intervalos programados. Este dispositivo está disponible a través del ADD Warehouse.

3.  Use recompensas más duraderas y eficaces

Los niños con TDAH necesitan, más que los otros niños, que se les estimule con refuerzos más perceptibles y eficaces para que trabajen, sigan las normas o se porten bien. Éstos pueden incluir muestras de afecto, privilegios, alimentos especiales, bonos o puntos y recompensas materiales como juguetes pequeños o artículos coleccionables, e incluso en alguna ocasión dinero.

Puede parecer que este consejo viola la sabiduría popular que dice que no debe­rían darse recompensas materiales demasiado frecuentemente a los niños porque este tipo de refuerzos podría llegar a reemplazar a los intrínsecos. Algunos ejemplos de re­fuerzos intrínsecos serían: el placer de leer, el deseo de complacer a padres o amigos, el orgullo de dominar un trabajo o actividad nueva, o el aprecio de los amigos por ju­gar bien. Sin embargo, en el caso de los niños con TDAH hay que tener en cuenta que estas formas de refuerzo o recompensa tienen menos probabilidades de contribuir al buen comportamiento. Además, mediante su uso no se consigue motivar de forma consistente a estos niños para que empiecen a trabajar, para que inhiban sus impulsos a actuar inapropiadamente o para que perseveren en su trabajo. El tipo de dificultades de su hijo hace que, para lograr desarrollar y mantener sus conductas positivas, sean ne­cesarias consecuencias más duraderas y significativas, y en ocasiones de tipo material.

4.  Use antes la recompensa que el castigo

Es habitual que los padres recurran al castigo en respuesta al mal comportamiento o desobediencia de su hijo. Esta estrategia podría ser adecuada para niños sin TDAH, que sólo se portan mal ocasionalmente y que, por tanto, sólo reciben cantidades mínimas de castigo. Pero no es adecuado para los niños con TDAH, que tienen muchas más posibi­lidades de portarse mal y a resultas de recibir castigos constantemente. El castigo, utili­zado solo o en ausencia relativa de recompensas o feedback positivo, no es demasiado efectivo para cambiar la conducta. Generalmente conduce a que el niño se muestre re­sentido y hostil y en algunos casos a que evite el contacto con usted. Incluso, a veces, puede traer consigo efectos contrarios a los deseados: su hijo intenta encontrar maneras de desquitarse, vengarse o ajustar cuentas debido a un exceso de castigo.

Es crucial que evite esta tendencia demasiado extendida a usar el castigo como primer recurso. Repítase continuamente la regla: los positivos antes que los negativos. Esta regla tal vez le ayude a recordar que su hijo recibe un exceso de reprimendas, castigos y rechazo por parte de personas que no entienden sus dificultades y que úni­camente conseguirá que aprenda lo que espera de él mediante premios e incentivos.

La regla para usar las recompensas antes que los castigos es simple: cuando quiera cambiar una conducta indeseable, primero decida cuál será la conducta positiva que quiere que reemplace a la anterior. Así, automáticamente estará más atento a esa conduc­ta positiva y, cuando ésta se produzca, será más probable que la elogie y recompense.

Hasta que no lleve al menos una semana recompensando regularmente esa nueva conducta, no es aconsejable que empiece a castigar la conducta negativa complemen­taria a ésta. Incluso llegado este punto, intente usar sólo castigos ligeros, como la pér­dida de un privilegio o de una actividad especial, o un breve espacio de tiempo-fuera; y vigile que haya un equilibrio entre castigos y premios: sólo un castigo por cada dos o tres elogios o premios. Castigue de forma coherente y selectiva, específicamente an­te esa conducta negativa. No castigue al niño por las demás cosas que haga mal.

Fíjese en el ejemplo de un niño que habitualmente interrumpe, importuna a los de­más o hace comentarios fuera de turno en la mesa. Hable con su hijo justo antes de la próxima comida familiar sobre lo que le gustaría verle hacer en la mesa: intentar no hablar demasiado, esperar a que los demás acaben antes de hablar y hablar con la bo­ca vacía. Explíquele que podrá ganar puntos si sigue las reglas. A lo largo de la comi­da, vaya anotando los puntos en una pequeña tarjeta asegurándose de que su hijo le vea y simultáneamente haga señas, por ejemplo un guiño, que le hagan saber cuánto apre­cia el gran esfuerzo que está haciendo para seguir esas reglas. Durante aproximada­mente una semana ignore las transgresiones; después de este espacio de tiempo, in­forme a su hijo justo antes de la comida de que a partir de ese momento infringir una norma significará la pérdida de un punto. Recuerden que la proporción debería ser siempre de un castigo por cada dos o tres premios.

5. Exteriorice el tiempo y tienda un puente en el tiempo cuando sea necesario

Como explico en mi teoría sobre el TDAH, los niños con este trastorno presentan retraso en el desarrollo del sentido interno del tiempo y del futuro. Dado que no tienen el mismo sentido del tiempo que los niños sin este trastorno, no pueden responder, adecuadamente, a las demandas relacionadas con la oportunidad y la preparación pa­ra el futuro tan bien como los otros. Necesitan alguna referencia externa del período de tiempo que se les ha asignado para realizar una tarea determinada. Por ejemplo, si le ha dado a su hijo 20 minutos para limpiar su habitación, necesitará un reloj de coci­na que marque este período, colocado en un lugar visible de la habitación del niño, y hacer que su hijo se fije en él. También puede utilizar un reloj con alarma o una cinta de cassette en la que haya grabado el tiempo que falta (por ejemplo, «faltan 10 minutos para el final, faltan 9 minutos», etc). Utilice cualquier medio que pueda para exteriori­zar el intervalo de tiempo y dar al niño una referencia, lo más exacta posible, del tiem­po durante el período de trabajo.

Para tareas que necesitan intervalos de tiempo más largos, como la lectura de un li­bro o un trabajo de ciencias, que tenga como deberes para casa, puede necesitar «un puente en el tiempo» —esto es, descomponer los trabajos en pequeñas tareas diarias para que se hagan cada día—. Tendiendo este puente en el tiempo, usted está reali­zando pequeños pasos en el intervalo que hay entre el momento en el que se asignó el trabajo y el día en el que hay que entregarlo, unas semanas o meses después. Sin este método, es posible que los niños con TDAH dejen el trabajo sin hacer hasta el último momento, lo que, a menudo, hace que sea imposible realizar un buen trabajo.

6. Exteriorice la información importante en el punto de trabajo

Dado que la memoria de trabajo, o la habilidad para retener la información necesa­ria para completar una tarea, está significativamente alterada en los niños con TDAH, he encontrado que es de gran ayuda colocar, físicamente, la información que es im­portante en el lugar en el que se debe realizar el trabajo. Llamo a este lugar donde se hace el trabajo el punto de trabajo, una expresión que el doctor Sam Goldstein creó para referirse al lugar y al tiempo para realizar una tarea. Si su hija tiene que hacer los deberes en la mesa de la cocina (donde se le puede supervisar mientras se prepara la comida, por ejemplo), puede colocar delante de ella, en la mesa, una hoja de papel con una lista de reglas y recomendaciones importantes como «Sigue con la tarea, no te en­tretengas, pide ayuda si la necesitas» o «Lee las instrucciones con cuidado, haz todo el trabajo, cuando termines comprueba las respuestas y asegúrate de que están comple­tas y son exactas». Estas recomendaciones deben ser elaboradas de acuerdo con los problemas que tiene cada niño en el punto de trabajo. Si su hija presenta problemas cuando una amiga viene a casa a jugar, hable con ella antes de que llegue la amiga y re­vise las reglas sociales que debe seguir, tales como: «Comparte tus juguetes, controla tus rabietas, haz turnos en los juegos, pregunta a tu amiga por lo que le gusta». Incluso puede escribir estas recomendaciones en un papel y revisarlas, alguna vez, mientras la amiga está en casa. Cuanto más pueda hacer para que la información importante esté presente en este punto, más probable es que la niña recuerde la información y la utilice para guiar su comportamiento.

7. Exteriorice la fuente de motivación en el punto de trabajo

Como mi teoría sugiere, los niños con TDAH tienen problemas para interiorizar no só­lo el tiempo y las reglas, sino también la motivación. Son incapaces de reunir la motiva­ción interna que se necesita, con frecuencia, para realizar un trabajo que requiere mucho esfuerzo y que puede ser aburrido, tedioso y prolongado. Este déficit en la motivación intrínseca puede ser superado proporcionando al niño motivación externa por medio de estímulos, tales como recompensas o refuerzos por comportarse adecuadamente, restrin­gir su actividad o seguir las reglas —lo que puede ser difícil para el niño cuando está en el punto de trabajo—. El doctor Covey se refiere a este tipo de cosas como la creación de una situación de ganancia en sus siete hábitos de las personas muy eficaces (véase la introducción). Estos incentivos pueden hacer que el niño tenga algo que desee cuando acabe su tra­bajo (un bocadillo especial o un pequeño regalo), consiga algo con lo que disfruta (tiempo extra para ver la televisión o jugar a los videojuegos) o gane algunas fichas o puntos que puede guardar para conseguir algún privilegio posteriormente.

8. Haga más tangibles los pensamientos y la solución de problemas

Parece que los niños con TDAH no son tan hábiles como otros niños para mane­jar la información mental cuando deben pararse y pensar sobre una situación o pro­blema. Responden impulsivamente, sin atender a las diferentes opciones. Por lo tan­to, creo que puede ser de ayuda encontrar maneras de representar los problemas, y sus diferentes soluciones, de una manera más física. Por ejemplo, si su hijo debe es­cribir un pequeño trabajo para la escuela y parece que no responde bien ante esta ta­rea, proporciónele un procesador de textos y que escriba todo lo que pase por su ca­beza durante un corto período de tiempo. De esta manera, cada idea o pensamiento puede ser captado, en vez de perdido u olvidado, y el niño puede, entonces, ampliar o jugar con las ideas de una manera física, en vez de mental. Lo mismo puede hacer­se utilizando cartulinas de 7 a 12 cm o incluso trazando pequeños dibujos o símbolos en una hoja de papel, en la que pueda escribir o representar cualquier idea que tenga sobre cómo resolver el problema.

Éste es, posiblemente, el tipo de información más difícil de exteriorizar, pero es una forma muy eficaz, sobre todo con el trabajo escolar. Por tanto, cada vez que su hi­jo deba resolver algún problema, de cualquier tipo, mire si puede poner el problema, y las posibles soluciones, de una manera tangible para que su hijo pueda tocarlo, mani­pularlo, moverlo y ordenarlo de formas diferentes, de tal manera que pueda ayudarle a resolverlo. Parece que los descubridores de la doble hélice del ADN, Francis Watson y James Crick, hicieron lo mismo cuando se devanaban los sesos sobre la estructura del ADN. Pusieron en trozos de papel las partes que se sabía que estaban involucradas en el ADN y empezaron a moverlas unas alrededor de otra de diferentes maneras hasta que, por accidente, apareció el orden correcto.

9.  Esfuércese en ser coherente

Las estrategias que utiliza para controlar la conducta de su hijo deben ser las mis­mas en todas las ocasiones. Actuar de forma consistente significa: a) ser coherente a lo largo del tiempo, b) no rendirse demasiado pronto cuando tan sólo acaban de iniciar un programa de modificación de conducta, c) responder de la misma manera aunque el contexto sea diferente y d) asegurarse de que ambos progenitores usan los mismos métodos. Si las normas se hacen respetar de forma impredecible o caprichosa, el fra­caso está casi asegurado. Por ello, no se desanime si el nuevo método de intervención no produce resultados espectaculares e inmediatos. Antes de decidir que un programa de modificación de conducta no funciona, debe ponerlo a prueba al menos durante dos semanas. No caiga en el error, en el que incurren muchos padres, de reaccionar ante la conducta del niño de una forma en casa y de otra completamente diferente en lugares públicos. Por último, a pesar de las inevitables diferencias que puedan existir en el es­tilo educativo de ambos progenitores, intenten actuar de forma unitaria.

10.  Actúe y deje de quejarse

El doctor en psicología Sam Goldstein, experto en la práctica clínica con TDAH, aconsejó a unos padres, utilizando una expresión lúcida, que parasen de hablar y que usaran refuerzos: actúen y dejen de quejarse. Como ya se dijo al principio de este ca­pítulo, a su hijo no le falta inteligencia, habilidad o capacidad de razonamiento, de forma que simplemente hablándole no va a conseguir cambiar el problema neurológico que subyace a su conducta desinhibida. Su hijo es más sensible que los que no tienen este trastorno a las consecuencias y al feedback que puedan ofrecerle que a los razonamientos. Por ello, actúe de forma inmediata y regular, y conseguirá que su hijo con TDAH se porte mejor; siga hablándole y todo lo que conseguirá será agravar y ha­cer más resistente el problema.

11.  Planifique cómo enfrentará la situación problemática

Estoy seguro de que la siguiente escena le resultará familiar: está en una tienda y su hijo con TDAH empieza a tirar paquetes y las cosas de las estanterías, y en general a hacer estragos, a pesar de sus continuas amenazas y órdenes. Se siente desbordado y frustrado, incapaz de pensar con rapidez y claridad, y en consecuencia sin encontrar ninguna solución. Su consternación aumenta ante las miradas de desdén de los vende­dores y de otros clientes; y entonces intenta salir de la tienda, tirando de su hijo mien­tras éste grita.

No deja de impresionarme la capacidad de los padres, cuando se les insiste, para predecir el mal comportamiento de su hijo y a la vez me sorprende el reducido número de padres que usan esta información en su provecho. ¿Por qué no utilizarla para prepa­rarse ante futuras situaciones parecidas? Puede ahorrarse mucha angustia si aprende a anticipar situaciones de conflicto, a considerar de antemano la mejor manera de en­frentarlas y a confeccionar un plan de acción antes de encontrarse en la situación y tam­bién si se acostumbra a compartir este plan con su hijo y a ponerlo en práctica en caso de conflicto. Puede que le cueste creer que el simple hecho de compartir el plan con el niño antes de entrar en un contexto de conflicto potencial reduzca la probabilidad de que las conductas problema aparezcan. ¡Pero funciona!

Intente seguir estos simples cinco pasos previamente a que emerja la situación conflictiva:

Paso 1: pare justo antes de entrar al lugar de conflicto potencial, como sería una tienda, un restaurante, una iglesia o la casa de unos amigos.

Paso 2: revise con el niño dos o tres de las normas que por lo general tiene pro­blemas para cumplir en aquella situación. En una tienda las reglas podrían ser: «No te separes de mí, no pidas nada y haz lo que te diga». No use ex­plicaciones densas, sólo una referencia breve a las reglas. Después pida al niño que repita estas simples instrucciones.

Paso 3: fije de antemano el premio o incentivo que podrá obtener si respeta las re­glas, por ejemplo hacer un alto en el camino hacia casa para tomar un he­lado.

Paso 4: explique el castigo que en caso necesario tendrá que aplicar, como perder puntos o un privilegio.

Paso 5: siga el plan nada más entrar en la situación y, mientras permanecen en és­ta, recuerde dar feedback inmediato y regular al niño. Si es necesario, castíguele de inmediato por cualquier acción que infrinja las normas.

12.  Mantenga una perspectiva de discapacidad

A veces, ante un niño difícil de manejar y con TDAH, los padres pueden perder la perspectiva fijándose únicamente en el problema presente. Puede sentirse furioso, enojado, incómodo o, como mínimo, frustrado cuando los primeros intentos no dan su fruto. Puede incluso rebajarse al nivel del niño y discutir sobre la cuestión, tal y como haría otro niño. Debe recordar siempre que usted es el adulto, ese profesor o entrena­dor desvalido, y que sin duda también es usted quien tiene que estar con los ojos bien abiertos.

Una manera de conservar la calma cuando prueba una determinada estrategia es intentar mantener cierta distancia psicológica del problema de su hijo. Intente ver la situación a través de los ojos de un extraño para alcanzar una visión más objetiva, es decir, como unos padres que intentan tratar con un niño que presenta alteraciones de conducta. Si consigue tomar esta actitud, probablemente reaccionará más razonable, justa y racionalmente ante su hijo que si deja que los problemas de su hijo le alteren.

No es una tarea fácil y tal vez necesitará recordarse cada día que su hijo tiene una discapacidad, incluso varias veces al día, y en especial cuando intenta hacer frente a conductas perturbadoras.

13.  No personalice los problemas o el trastorno de su hijo

No permita que su autoestima radique únicamente en el hecho de «ganar» o no una discusión o enfrentamiento con su hijo. No hay marcadores en esta situación. En la medida de lo posible, mantenga la calma y el sentido del humor sobre el problema, y sobre todo, en el momento de reaccionar ante la conducta de su hijo, guíese por los principios aquí descritos. En algunos momentos esto puede implicar que abandone por un momento la escena para ir a otra habitación para recomponerse y ganar el control sobre sus emociones. Cuando una situación va mal o no se resuelve como quería, no piense que es un mal padre.

14. Sea indulgente

Éste es el principio más importante, pero con frecuencia también el más difícil de poner en práctica consistentemente en la vida diaria. Ser indulgente significa poner en práctica tres ideas. Primero, cada día, después de que su hijo se acueste o antes de que se vaya a dormir, dedique tan sólo un momento a revisar el día y a perdonar las trans­gresiones que su hijo haya hecho. Deje que salga la ira, el resentimiento, la desilusión o demás emociones autodestructivas que hayan aflorado ese día como consecuencia del mal comportamiento de su hijo. Él se merece que le perdone porque no siempre puede controlarse.

No malinterprete este punto tan esencial. La idea que queremos trasmitir no es que su hijo no sea responsable de sus actos, sino que usted no debería guardarle rencor.

En segundo lugar, haga un esfuerzo por perdonar a las personas que malinterpretaron la conducta inapropiada de su hijo en el día de hoy y que actuaron de forma ofensiva para usted y para su hijo o que simplemente le calificaron de perezoso o in­moral. Usted sabe mejor lo que tiene entre manos, así que no crea lo que otros opinen sobre su hijo. Introduzca las medidas correctivas que considere necesarias, continúe abogando por su hijo y deje a un lado el dolor, la ira o el resentimiento que estos he­chos le hayan provocado.

Por último, también debe aprender a perdonarse a sí mismo por los errores que haya cometido durante ese día en el trato con su hijo con TDAH. Los niños con este trastorno tienen la capacidad de sacar a relucir lo peor de cada padre y esto a menudo hace que los padres se sientan terriblemente culpables de sus errores. Debe dejar a un lado la autodesaprobación, la vergüenza, la humillación, el resentimiento o la ira que acompañan a estos actos de au toe valuación; eso sí, sin darse licencia para incurrir re­petidamente en los mismos errores. Reemplace este tipo de sentimientos por una va­loración justa de su actuación como padre durante ese día, identifique qué aspectos debería mejorar y comprométase a esforzarse por corregirlos al día siguiente.

Se dará cuenta de que éste es el principio más duro de cumplir, pero también el más fundamental en el arte de ayudar a su hijo con TDAH de forma efectiva y pacífica.

1.   Dé a su hijo refuerzo más inmediato.

2.   Dé feedback con mayor frecuencia.

3.   Use recompensas más duraderas y poderosas.

4.   Use antes la recompensa que el castigo.

5. Exteriorice el tiempo y tienda un puente en el tiempo cuando sea necesario.

6.   Exteriorice la información importante en el punto de trabajo.

7.   Exteriorice la fuente de motivación en el punto de trabajo.

8.   Haga más tangibles los pensamientos y la solución de problemas.

9.   Esfuércese en ser coherente.

10. Actúe y deje de quejarse.

11. Planifique cómo afrontará la situación problemática.

12. Mantenga una perspectiva de discapacidad.

13. No personalice los problemas o el trastorno de su hijo.

14. Sea indulgente.



De Russell A. Barkley